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Rotura del ligamento cruzado anterior en niños

Las lesiones de ligamento cruzado (LCA) anterior en niños presentan un aumento de incidencia en los últimos años que se ha relacionado con la mayor frecuencia e intensidad de la práctica deportiva en los más jóvenes

Generalmente se produce por torsiones bruscas de la rodilla con el pie fijo en el suelo y es más frecuente en niñas que en niños.

Aunque tradicionalmente se ha preferido realizar tratamiento no quirúrgico, se ha observado en numerosos estudios que en la mayoría de estos niños, cuando no son operados, se producen lesiones en meniscos y cartílago articular, por la inestabilidad de la rodilla. Estas lesiones articulares son en la actualidad muy difíciles de resolver y pueden condicionar una rodilla dolorosa, por artrosis, en el futuro.

Por este motivo y para permitir un retorno adecuado a la práctica deportiva habitual de estos niños, la recomendación actual de los expertos en traumatología deportiva infantil es no demorar el tratamiento quirúrgico mediante artroscopia de rodilla realizando una reconstrucción (ligamentoplastia) del LCA.

La técnica implica realizar una perforación en el fémur y la tibia para colocar unos tendones en sustitución del ligamento cruzado roto, atravesando el cartílago de crecimiento o fisis (que es la zona del hueso en la que se produce el crecimiento), lo que hipotéticamente podría repercutir en el crecimiento posterior del hueso.

En la práctica habitual y en diferentes trabajos de investigación se ha observado que la incidencia de problemas derivados de atravesar la fisis con estos pequeños túneles es muy baja (inferior al 5%), siempre y cuando se tenga en cuenta una serie de precauciones: túneles de menos de 8 mm de diámetro y lo más verticales posibles, evitar dejar material de fijación atravesando la fisis, etc. Se han descrito técnicas extrafisarias específicas para la rodilla infantil, aunque la incidencia de alteración fisaria es similar a las técnicas anatómicas, por lo que, generalmente, preferimos las técnicas de posicionamiento más anatómico, pues permiten una mayor estabilidad y durabilidad de la plastia.

En algunos casos aislados en los que tras la rotura del Ligamento Cruzado Anterior (generalmente incompleta) no se observe inestabilidad en la rodilla, los niños, tras realizar un programa de rehabilitación adecuada, pueden iniciar ejercicios en que sólo haya movimientos en un sólo plano, sin giros de rodilla, como por ejemplo, bicicleta o la natación a estilo crowl.

Es responsabilidad del traumatólogo infantil informar correctamente a los padres y los niños, permitiéndoles conocer riesgos del tratamiento quirúrgico, y explicándoles la historia natural del niño con rotura del Ligamento Cruzado Anterior cuando este no es tratado adecuadamente.

El equipo de traumatología infantil encargado de llevar a cabo la cirugía debe estar entrenado no sólo en el tratamiento de esta lesión sino en el seguimiento a posteriori del niño: rehabilitación, controles con telemetrías óseas y resolución de complicaciones si se dieran.

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