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Rotura del tendón del cuádriceps

El cuádriceps, junto al tendón rotuliano, es una de las estructuras principales del aparato extensor de la pierna, imprescindible en nuestras actividades básicas (ponerse en pie, subir unas escaleras, golpear una pelota…).

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La rotura del tendón del cuádriceps es una lesión rara aunque muy severa. Es más común en personas de más de 40 años y con factores de riesgo que debilitan los tendones, como diabetes, gota o artritis reumatoide, en los que la ruptura se produce tras un daño crónico del tendón.

Entre las personas jóvenes es una lesión que ocurre típicamente practicando deportes que exigen contracciones poderosas del cuádriceps, como el tenis, la halterofilia, el rugby o el fútbol. Se producen cuando el jugador realiza una contracción brusca del cuádriceps con el pie fijo y la rodilla en flexión, asociada o no a un traumatismo sobre la zona.

Clínica y diagnóstico

La rotura del tendón del cuádriceps produce típicamente un dolor agudo e intenso en la cara anterior del muslo y la rodilla. Muchos pacientes escuchan un chasquido al desgarrarse el tendón. Suele producirse una deformidad en la cara anterior del muslo, por encima de la rótula, donde el músculo se retrae dejando un hueco sobre la rodilla y un bulto un poco por encima de esta. La rotura del tendón cuadricipital produce una gran incapacidad funcional, siendo el paciente incapaz de doblar la rodilla por el dolor o porque el tendón se ha desgarrado por completo.

El diagnóstico, cuando la rotura del tendón no es total, puede ser problemático y confundirse con otros cuadros de dolor en cara anterior de la rodilla, como las lesiones de la rótula o de los meniscos. La prueba de imagen más fiable, si la clínica es dudosa, es la resonancia magnética, que es altamente fiable con radiólogos expertos en patología osteomuscular.

Tratamiento

El tratamiento de esta patología es preeminentemente quirúrgico. Sólo en roturas parciales en pacientes con escasa demanda funcional se intenta el tratamiento conservador. Si no es así, el tratamiento ideal es la cirugía, a ser posible en las primeras 48-72H.

Si la cirugía se difiere por encima de este periodo, la tasa de éxito y la recuperación posterior empeoran considerablemente, y existe un alto riesgo de discapacidad residual. Si la cirugía se realiza en el plazo óptimo, los resultados suelen ser muy buenos, recuperando la mayoría de los pacientes la actividad física que realizaban previamente a la lesión.

Los factores que condicionan peores resultados son el daño crónico del tendón, el aumento de edad y la existencia de comorbilidades. Entre las diferentes opciones quirúrgicas (reinserción del tendón al hueso rotuliano; sutura de los extremos tendinosos; técnicas de refuerzo…) los resultados son similares, dependiendo la técnica elegida del tipo de rotura y de la experiencia del cirujano.

Rehabilitación

La recuperación postoperatoria de este proceso es larga, pero los resultados finales suelen ser excelentes.

El paciente permanece ingresado 1-2 días tras la cirugía; y mantiene la pierna inmovilizada con una rodillera entre seis y ocho semanas. Desde la tercera semana se le permite apoyar la pierna con rodilllera, y a partir de las 6-8 semanas comienza el tratamiento rehabilitador, con fortalecimiento progresivo de la musculatura de la zona. Los deportistas se reincorporan a su actividad habitual en unos seis o siete meses tras la lesión.

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