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Periostitis tibial

La periostitis tibial se produce por la inflamación de la membrana que recubre el hueso de la tibia, el periostio.

El periostio, la membrana que se inflama en la periostitis tibial, está formado por dos capas: La externa, compuesta por tejido conectivo concentrado de tejido vascular, fibroso y resistente, encargado de nutrir y dar sensibilidad al hueso; y la segunda interna, encargada de renovar la estructura ósea.

La inflamación del periostio afecta al tercio anterior de la cara anterointerna de la tibia. En la mitad de los casos que se producen, la lesión afecta a ambas piernas de manera simultánea.

La aparición de la periostitis es común entre los deportistas enfocados a las carreras de velocidad o de resistencia. Profesionales o no, estos atletas cargan gran parte de su peso e impulso sobre las rodillas y la parte inferior de la pierna, generando un mayor esfuerzo y reiteración en esta parte locomotora del cuerpo. Aunque es más frecuente entre los corredores de fondo o largas distancias, también puede darse entre la población que practica running en circuitos urbanos, parques o caminos agrarios.

Causas

Diversos factores, todos ellos deportivos, provocan la inflamación del periostio tibial. En primer lugar, puede producirse por un esfuerzo excesivo durante un periodo continuado en el entrenamiento deportivo. Los cambios de terreno sobre los que se realice la actividad física o la sustitución de unas zapatillas desgastadas por otras nuevas sin haberlas adaptado aún a la estructura del pie, también pueden precipitar la aparición de un leve dolor localizado que, días más tarde, terminará afectando a media pierna.

Junto con estos motivos, se encuentran las vibraciones al pisar que pueden llegar a multiplicar por tres el impacto sobre las extremidades inferiores en relación con el peso de quien está realizando la actividad. Además, las sobrecargas musculares derivadas de la falta de reposo y el sobreentrenamiento en cuestas y suelos irregulares, la descompensación muscular, la excesiva rotación de cadera y las deficiencias biomecánicas de cada individuo al caminar, pueden ocasionar una carga superior del peso sobre Una de las dos piernas y precipitar una periostitis tibial.

Síntomas

La sintomatología de la periostitis tibial tiende, por norma general, a aparecer en pleno desarrollo de la actividad física como un leve dolor o quemazón que irá aumentando progresivamente conforme lo haga el esfuerzo. Cuando al dolor se le añade una tensión muscular excesiva, el deportista se verá obligado a cesar el desarrollo del entrenamiento al sentir rigidez y calambres en la zona con el simple apoyo de los pies en el suelo.

En la exploración encontraremos una serie de puntos de dolor muy localizados en la cara anterointerna de la tibia.

Tratamiento

La palpación de la zona tibial por parte de un especialista permitirá la identificación exacta de la parcela dolorida o algún tipo de irregularidad ósea.

Una vez identificada la lesión por periostitis, el tratamiento comienza con una disminución de la carga en la actividad física reduciendo la intensidad del ejercicio y evitando cualquier entrenamiento de tipología fraccionada o de cualquier trabajo físico marcado por ritmos.

Vendar la zona dolorida con esparadrapo estático y no elástico contribuye a atenuar la vibración de las extremidades inferiores en el impacto del pie contra el suelo. La aplicación de frío (hielo) durante veinte minutos o media hora –con protección de la parte afectada por una tela- puede hacer disminuir las molestias tras un breve trote. También incluye el tratamiento de fisioterapia.

En el caso de que el dolor persista habrá que descartar mediante pruebas radiológicas cualquier tipo de complicación. La resonancia magnética de alta resolución de 3 teslas permite mayor precisión en el diagnóstico, sobretodo para el cuadro más importante con el que puede confundirse, que es la fractura de estrés de la tibia.

Prevención

La realización de un estudio biomecánico y de pisada puede orientar a la hora de adquirir el material deportivo adecuado (zapatillas) y la utilización o no de plantillas ortopédicas específicas.

Ejecutar, antes de cada estiramiento previo a la actividad deportiva, una entrada en calor, contribuye en la preparación de los músculos para un estiramiento y entrenamiento eficaz. Igualmente, fortalecer de manera progresiva el tono muscular evitando la práctica deportiva en terrenos de suelo irregular y las competencias con sobrecargas derivará en unos músculos más resistentes y menos propensos al sufrimiento de lesiones.

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