La práctica deportiva exige aumentar la oxigenación e irrigación del tejido muscular, que es el principal consumidor de oxígeno y glucosa durante el ejercicio. Para ello se incrementa la actividad del sistema cardiopulmonar. Aunque esto es beneficioso en personas sanas, en personas con patologías silentes (patologías ocultas que no se han manifestado) un ejercicio físico podría, al incrementar la demanda cardiaca, desencadenar un problema de salud.
Por otro lado, la práctica de ejercicio físico somete al aparato locomotor a un destacable sobreesfuerzo, y es importante comprobar la correcta alineación de los miembros y de la columna, así como las características antropométricas del deportista, porque eso permite evitar futuras lesiones o daños por sobrecarga.
De un reconocimiento médico puede derivarse la detección de una anomalía y el diagnóstico de una patología médica. En tales casos el médico derivará al deportista al especialista adecuado para el estudio o corrección de su patología. De la detección de estas anomalías puede derivarse una contraindicación para la práctica deportiva.
Estas contraindicaciones pueden ser absolutas, cuando se desaconseja cualquier tipo de deporte; o relativas, cuando sólo se desaconsejan determinados grupos de ejercicio. Por otro lado, estas contraindicaciones pueden ser temporales (por ejemplo, en la recuperación de una lesión muscular) o definitivas (pj una anomalía cardiaca congénita severa).